Ahora puedes pagar para dormir la siesta si estas fuera de casa.

Siendo esta no solo una costumbre Española sino de muchas personas quienes al medio día sienten que requieren dormir un poco para continuar con su jornada, hasta ahora no había ningún local en todo el país que ofreciera pagar por dormir la siesta, algo que ya es posible en Madrid con ‘Siesta and go’, lugar en el cual los clientes pueden reposar un buen rato por entre 1,5 y 7 euros la media hora, según la opción.

El local, situado en los bajos de Azca, una de las zonas de oficinas más conocidas de Madrid, abrió sus puertas al público a principios de junio y ya ha emprendido su primera reforma para complacer a los clientes que demandaban la instalación de una ducha.

“Aquí tenemos la fama de que todos los españoles dormimos la siesta y no se había profesionalizado nunca”, cuenta Vicente Jorro, propietario del negocio junto con su hermana Marita.

Siesta and go

Fue precisamente esta última la que durante un viaje a Japón con su marido tuvo la idea de abrir en Madrid un negocio dedicado a la siesta al ver los denominados hoteles ‘cápsula’, con habitáculos similares a un nicho y que cobran por horas de estancia.

Con ‘Siesta and go’ han adaptado este concepto con un horario más restringido (de lunes a sábado de 11 a 19 horas) y un espacio más acogedor.  El local, de 220 metros cuadrados, está decorado en tonos grises para dar sensación de “tranquilidad” y no tiene ninguna ventana ni espacio por el que entre luz natural, tan sólo la cristalera de la entrada que da a la calle.

Una hoja informativa advierte de que el local es un “centro de descanso” y establece unas normas mínimas como por ejemplo.

“Por favor, guarde silencio y respete al resto de los clientes. No hable por teléfono móvil, si lo hace salga a recepción”,  A la entrada se ofrecen gratis zapatillas cuyo uso es obligatorio para evitar el ruido de los zapatos.

Quien quiera, puede pedir gratis tapones y cascos o tomar prestada una tableta o alguno de los libros y revistas de la recepción. Para otros objetos, como los antifaces, hay que pagar.

Hasta aquí, acuden fundamentalmente trabajadores de la zona con tiempo libre a la hora de comer que aprovechan para tomar algo y, a continuación, echar una cabezada antes de volver a la oficina, como Irene, que suele ir dos veces por semana. “Es un rato para desconectar, no siempre duermo”, pero puedo descansar y reponer energía.

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