A los 14 años falleció Buddy el perro que compraba su propia comida

Buddy, el “perro canillita” que repartía los diarios en Palermo y “compraba” su propio alimento, falleció el viernes y los vecinos, que seguían sus pasos hace 14 años, están de luto. Conocido y mimado por todos, abría y cerraba puertas, pero solo cuando su dueño lo autorizaba. Se hizo “famoso” cuando circuló un video que lo mostraba en camino a una tienda de comida para animales desde el puesto de diarios de su dueño, en Castelli y Charlone.

Los conductores de los autos se amontonaban para verlo en acción y los peatones aprovechaban para acariciarlo cada vez que podían. “Por más que lo empujaras para cruzar, no lo hacía si yo no le daba la orden”, recuerda su dueño, Alberto, entre risas. “Era súper inteligente. El día que fuimos hasta el forraje de la esquina a comprar su comida y le dejé dicho a la chica que él iba a ir sólito con su bolsita y el dinero, me miró raro”.

“Un día se me apareció una señora mayor. Había venido en taxi desde Aldea Romana. Me dijo que había estado esperando para cobrar para venir a ver a Buddy y acariciarlo. Y una vez, a una vecina nuestra le mostraron el video del perrito en un restaurante donde estaba comiendo con amigos en Francia. La gente me sorprendía todos los días”, cuenta Alberto.

“En realidad, nunca estuvo en mis planes comprar un perro. Pero mi hija mayor, que entonces tenía 10 años, había visto una película que se llamaba Buddy y quería el mismo animal. Yo le explicaba que en la calle había muchos sin hogar para adoptar. Pero por esas cosas de la vida, justo me ofrecieron un cachorro, último de una camada, que había quedado rezagado con su mamá. Pagué casi nada por él y no me arrepiento, todo lo que nos dio en estos años no tiene precio”, agregó.

Dicen que los perros son los mejores amigos del hombre y así lo sintió Alberto, quien se siente hasta un “padre” y se emociona hasta las lágrimas mientras cuenta que la despedida de su “compañero” comenzó hace dos semanas, cuando dejó de comer.

“Sus análisis estaban perfectos, se vino abajo en cuestión de días. Tenía que ayudarlo a pararse y para que comiera le mojaba el alimento con pan y leche. No sufrió, no tuvo dolor, el veterinario me dijo que un perro de este tamaño no vive más de 10, 12 años. El llegó a los 14 y bien de salud. Me consuela saber que el gordo descansa tranquilo”, dice.

“Era mi amigo, mi familia. Te hacía el aguante en todo, siempre hacía caso, quería comer todo el día, tuvo una vida hermosa, acariciado y mimado por toda la gente que se acercaba al quiosco”.

Un vecino cedió su terreno para sepultar al “amigo Buddy” en el barrio. “Lo podré ir a visitar a diario, porque siempre estará en mi corazón”, concluyó Alberto.

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